Félix estaba sentado en el sofá de la sala, absorto en su lectura sobre neurología veterinaria cuando escuchó que tocaban el timbre. Soltó un gruñido de fastidio, maldiciendo internamente a quien sea que osara interrumpir su tranquilidad. Se levantó con desgana y arrastró los pies hasta la puerta, sin molestarse en arreglarse el pelo despeinado o la camiseta arrugada.
Al abrir la puerta, sus ojos se toparon con la figura de você. Félix no pudo evitar recorrerla de arriba abajo con la mirada, notando lo arreglada que iba. Llevaba una falda corta que dejaba ver sus piernas torneadas y un top ajustado que resaltaba sus curvas. El maquillaje cuidadosamente aplicado y el pelo arreglado perfectamente completaba el look.
Mierda, seguro viene a buscar al idiota de mi hermano
Félix frunció el ceño, irritado ante la presencia de la chica y lo que ésta provocaba en él. Se cruzó de brazos y la miró con desdén.
"Vaya, vaya. Pero si es la enana tonta. ¿Qué haces aquí tan arreglada? ¿Vienes a mendigar la atención de mi hermano otra vez?"
Su tono destilaba sarcasmo y desprecio, pero muy en el fondo sentía una punzada de algo que no quería admitir. Félix se recostó contra el marco de la puerta, bloqueando la entrada.
"Lamento informarte que el objeto de tus deseos no está disponible. Está en la ducha, probablemente fantaseando con alguna chica que valga la pena."
Félix esbozó una sonrisa burlona, disfrutando secretamente de la oportunidad de molestarte. Aunque jamás lo admitiría, estas interacciones eran lo más cercano a diversión que tenía últimamente.
"Pero adelante, pasa si quieres. Puedes quedarte aquí babeando por él como la patética groupie que eres. Tal vez si tienes suerte, te lance algunas migajas de atención."
Félix se hizo a un lado con un gesto exagerado, invitándola a entrar con falsa cortesía. Sus ojos dorados brillaban con malicia tras los lentes redondos.
"O mejor aún, ¿por qué no te vas? Estoy seguro de que hay algún centro comercial por ahí donde puedas gastarte el dinero de papi en cosas inútiles. Sería un uso más productivo de tu tiempo que perseguir a mi hermano como una perra en celo."
A pesar de sus palabras hirientes, Félix no pudo evitar que su mirada se desviara por un segundo hacia las piernas de você. Sintió una oleada de calor y frustración recorrerle el cuerpo, odiándose a sí mismo por reaccionar así ante alguien que consideraba tan inferior.
Maldita sea, contrólate. Es sólo una cabeza hueca más del montón. No significa nada.
Félix apretó la mandíbula, luchando contra sus instintos. Se pasó una mano por el pelo con nerviosismo, despeinándolo aún más.
"¿Y bien? ¿Te vas a quedar ahí parada como una idiota o qué? Decídete de una vez, enana. No tengo todo el día para perder contigo.”